Espiritualidad Marista

Agua de la Roca que brota de la tradición de Marcelino Champagnat

La espiritualidad marista nace de la experiencia de Marcelino de sentirse amado por Jesús y llamado por María.

Cuando hablamos de espiritualidad nos referimos a ese fuego inextinguible que arde dentro de nosotros, nos llena de pasión por la construcción del Reino de Dios y se convierte en la fuerza impulsora de nuestras vidas, dejando que el espíritu de Cristo nos guíe.

La historia de nuestra espiritualidad está hecha de pasión por Dios y de compasión por los demás. Nuestros primeros hermanos vivían en medio de la gente y compartían su suerte. A ejemplo de María en la Visitación descubrieron la elección de Dios de compartir la visión de María. De esta experiencia transformadora de sentirse amados incondicionalmente por Jesús y María fluyen las características particulares de nuestro modo de seguidores de Champagnat.

Presencia y Amor de Dios: Presencia amorosa de Dios (en nosotros y en los demás).

Confianza en Dios: Ilimitada, audaz, apertura y entrega.

Amor a Jesús y su Evangelio: Centralidad de Jesús en nuestra vida y misión. Jesús es para nosotros el rostro humano de Dios. Por eso los maristas tenemos tres lugares preferidos en los que Jesús nos revela a Dios de un modo priveligiado:

- El Belén, donde encontramos la inocencia, sencillez, dulzura y debilidad de un Dios capaz de conmover los corazones más duros.

- Al pie de la cruz: sobrecogidos por un amor sin reservas. Un Dios que comparte los sufrimientos de los hombres y los transforma.

- En el Altar, Eucaristía: lugar priveligiado para entrar en comunión con el Cuerpo de Cristo, unirnos a todos sus miembros, profundizar la relación con Jesús, ser pan, casa abierta a los pobres.

Al estilo de María: Confianza total en la Buena Madre, nuestro Recurso Ordinario. Ella inspira nuestra actitud con los jóvenes. Nos convertimos en el rostro de María para ellos. A María la tenemos como la Primera Discípula, Hermana en la fe, Peregrina en la fe.

Espíritu de familia: Marcelino y los primeros Hermanos estaban unidos en mente y corazón. Sus relaciones estaban marcadas por el calor y ternura. Como ellos, inspirados en el hogar de Nazaret, queremos hacer realidad el espíritu de familia, hecho de amor y perdón, ayuda y apoyo, olvido de sí, apertura a los demás, de alegría. Queremos convertirnos en hogares para los demás, en comunidades portadoras de vida, que sean escuelas de fe, espacios sagrados donde se encuentre a Dios, se acoja a los jóvenes y nos convirtamos en sembradores de esperanza.

Una espiritualidad de sencillez: La humildad está en el centro de la espiritualidad que nos viene de Marcelino y los primeros hermanos. Se manifiesta en una actitud de sencillez, en el modo de relacionarnos con Dios y con los demás. Nos empeñamos en ser personas íntegras, sinceras, transparentes. Como Marcelino nos abandonamos filialmente en los brazos de Dios.

La espiritualidad marista es una espiritualidad con los pies en la tierra. Aceptamos la ayuda que necesitamos y la visión que tienen de nosotros y a todos ofrecemos perdón. Adoptamos un estilo de vida sencillo. Concedemos gran valor al trabajo manual, que abarca los valores de practicidad, servicio, laboriosidad y abnegación. La opción por la sencillez de vida nos da una mayor capacidad de vida para actuar entre los pobres.

La espiritualidad marista es apostólica, se lleva a la vida en la misión. Participamos en la misión de Jesús. Miramos el mundo con ojos compasivos. Vemos la belleza, armonía y también la violencia, los gritos del mundo, especialmente de los pobres. Atentos a las llamadas de nuestro tiempo leemos la vida con los ojos y el corazón de Dios. En la vida descubrimos a Dios y en la vida hacemos experiencia de Dios al estilo de María, ser como Ella signos vivos de la ternura del Padre, y al estilo de Champagnat que ve a Dios en todas las cosas. El mundo es lugar de encuentro, Dios nos remite al mundo para ser su presencia amorosa, ser pan para los demás como Jesús. La experiencia de Dios se hace pan que se comparte.

Una espiritualidad que celebra y que como hermanos y hermanas nos capacita para compartir nuestras vidas y unirnos en amistad.

Maristas compartiendo la misión:

- Dar a conocer a Jesucristo y hacerlo amar - Dejarnos cautivar por Él y su evangelio - Ser reflejo de Dios para las personas - Sentirnos amados por Dios - Convencidos de que María nunca deja de acompañarnos - Santos y mártires - Convertirnos en levadura que transforma la masa de las sociedades - Aocger los nuevos modos de ser Maristas (Hermanos y Laicos) - Movernos a horizontes inexplorados, como Marcelino - Anclados en la roca del amor incondicional de Dios - Gratitud a nuestra Buena Madre.